Viajando por Noruega. Travesía y fin de viaje.

En el barco la vida deja de ser una línea recta para volverse curva. No teniendo nada que hacer entre escala y escala , las horas pierden su rumbo como lo hacen las de una tarde de domingo.
El espacio vital (detrás de las ventanas) se vuelve onírico. Las visiones, movedizas, debido al oleaje, se renuevan segundo a segundo. Su tonalidad puede pasar de una realidad en blanco y negro dura como el acero (cuando la paleta de grises se evapora)

a otra tan transparente y brillante como la superficie de un espejo.

El silencio, pura escarcha, se vuelve táctil. Cuando se dibuja una isla dentro de este silencio, (vuelto esencia de uno mismo) no resulta difícil cogerla en la palma de la mano, acariciar su frialdad y su soledad, calmarla como a un pajarito con un ala rota y susurrarle en su oído de piedra que entiendes su desesperación al saber que no podrá volar a pesar de poseer toda la inocencia y la rebeldía para poder hacerlo.
Cuando la isla se desliza fuera de ti, solo queda el recurso, para que no naufrague su recuerdo, dibujar con el índice sus contornos en la palma de la mano. Te sobresaltas al comprobar que las líneas de tu mano calcan el perfil que se va alejando en el horizonte, perfil genéticamente tuyo.

El cuerpo sube y baja al ritmo de este mar tan ermitaño y tan puro, se sumerge en avalanchas de espuma, maravillosa sensación la de ser sirena de proa, erguida y soberbia, en la cresta de la ola; profunda angustia, al sentirse proyectada en un valle marino, el cuerpo rastrillado por el chillido metálico de las gaviotas, lacerado como el de una heroína de Hitchcock.

Al llegar a puerto, el mar se calma, la naturaleza se vuelve reflejo, la existencia se percibe como una unidad de tiempo no más importante que la que la precede o la que la sucede. Dentro de esta naturaleza tan soberbia, uno no puede más que sentirse minúsculo… pero al aspirar una bocanada de aire siente como los cincuenta billones de células que componen su cuerpo vibran de placer al sentirse vivas e irrepetibles en el fluir de los siglos.

… ¡y con esta bocanada de aire puro este viaje se da por terminado!

14 pensamientos en “Viajando por Noruega. Travesía y fin de viaje.

  1. Has disfrutado un viaje maravilloso y después de ver tus fotografías me encantaría darme una vuelta por esos lugares, donde el aire es puro y los paisajes brillan entre el sol y la nieve.
    Hasta el próximo viaje que espero que nos cuentes con tanto detalle.
    Un abrazo Anne, bonita.

    • El viaje ha sido estupendo de veras.He preferido darle punto final porque sino hubiese sido una de estas pesadas que enseña TODAS las fotos de sus viajes!
      Un abrazo querida Mercedes,

  2. La constante del frío, de la naturaleza sencilla y compleja, de la atomosfera que se puede cortar como un cristal por el índice o el silbido de tu aliento. El barco con su clarabolla, la palma de la mano y la felicidad de tu prosa con imagenes nos ha dado la oportunidad de ir contigo. Gracias por compartirlo… un beso Rub

    • rub, ya se acabó el viaje por el norte… ahora toca verano.
      Gracias por leerme (a veces soy un tanto rollo!) y tener tanta paciencia, amigo rub.
      Un abrazo,

  3. Me he sentido viajar contigo 🙂 debe haber sido un viaje inolvidable, de estos que se graban en la memoria para siempre y que has saboreado al máximo no perdiendo detalle alguno de cada uno de los momentos.
    Toda una experiencia para poder contar como nos has contado a nosotros.
    Me quedo esperando el próximo viaje jejej ¿parra cuando? 😀
    Besitos dorados Anne! un placer pasear contigo!

    • Querida doradita, lo bueno es que tú siempre viajas en un mundo glamouroso! Me das envidia! He relatado sensaciones provocadas por la naturaleza y he hablado poco de sitios concretos… lo siento! Hubiese resultado más entretenido!
      Un beso… y otra vez os llevo por tierras más cálidas.

    • Jajajajaj….ains qué gracia me has hecho! ¿por un mundo glamuroso? que va…si aquí donde me ves, soy más de campo que las amapolas! (por tener…tengo nombre hasta de flor jjj ) en serio, me encanta leerte, me encanta viajar (aunque lo hago poco poquisimo) pero me gusta descubrir lugares nuevos aunque sea a través de la gente…
      Un besito guapa..cuando te vayas me avisas si? :;

    • Así que te llamas Margarita o quizá Rosa? Me encantan los nombres de flores, en cuanto al campo posee el glamour de la naturaleza. Besos.

    • Gracias zambu, me halaga tu cumplido siendo como eres una escritora muy ligada a la naturaleza.
      Un abrazo y feliz semana a ti también.

  4. Que maravilla de viaje.me ha encantado tu crónica. Me has ahorrado desplazarme a lugares tan inhóspitos y bellos y a pasar tanto frio. Un saludo

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