Nebulosa.

Hiroshi Sugimoto.

Mientras paseaba por el camino de los aduaneros, el ambiente nebuloso del día (un poco como lo es  la luz de una bombilla tras una pantalla de opalina) confería a mi entorno un aura irreal por mucho que mis sentidos me sugirieran que esta atmosfera era parte de mi esencia.

Al atravesar un prado y dejar de oír el chasquido de mis pasos sobre la gravilla, me acordé.

Cuando era niña, mi madre usaba unos polvos de arroz para perfumar su cuerpo. Rememoré la caja redonda de un color tan desvaído como lo eran las combinaciones de seda que usaba, (un rosa muy pálido tirando a crema, el color de las rosas de té, mis preferidas, untuosidad de pétalos en el roce de la tela contra la piel).

Cuando mi madre se ausentaba, me acercaba a la caja con pasos de felpa. Giraba su tapa con una lentitud que me exasperaba pero que sabía necesaria para no volcar su contenido.

Abierta la tapa, acercaba la cara y olfateaba los polvos de arroz como lo hacía Anaïs, nuestra gata, cuando se tropezaba con el olor tan apetecible de un ratón escondido entre las hierbas de la pradera; mismo deleite lleno de expectativas.

El aroma aspirado era tan remoto y sugerente como  lo es el de la primavera cuando late bajo la tierra, bajo la corteza de los árboles o  se asoma en el primer capullo de narciso en medio de la naturaleza aparentemente muerta.

Cogía la brocha redonda por la borla de flecos (brocha confeccionada con plumón de avestruz), la impregnaba de polvos, contenidos bajo una redecilla rígida. Con impaciencia de niña, ya imposible de reprimir, la acercaba a cualquier parcela de mi piel libre de vestimenta, brazos, cuello, rodillas. Mi piel desvelada adquiría un aspecto perlado, el aire se llenaba de partículas blancas, nube olfativa que me precipitaba en un mundo lleno de anhelos, tan mágico, irreal y lejano como los campos de rosas de Bulgaria que me describía mi madre, cuando reposaba su rostro sobre su brazo replegado  y recién empolvado.

Inefable olor de las rosas de Bulgaria exhaladas por la suavidad azul donde me fundo,  fugacidad de un momento robado a la nebulosa de mi memoria tan caprichosa como esquiva.

16 pensamientos en “Nebulosa.

  1. Me gusta tu detallismo, la lentitud calculada de tu descripción y esa atmósfera tan creíble que creas al evocar los recuerdos de una niña. Consigues transmitir los olores, las sensaciones, y culminas el relato con esa bellísima imagen de los campos de rosas de Bulgaria que, efectivamente, desprenden un olor profundo, rosas de las que se extrae la esencia, que suele venderse en pequeños estuches alargados de madera, con el tapón enroscable en forma de cúpula oriental, decorados con gusto, que contienen la ampolla de cristal con su taponcito de plástico. Tengo uno de ellos ante los lomos de los libros de mi biblioteca: lo acabo de abrir para recordar ese aroma. Todo muy auténtico, difundiendo esa sensación de paz que tanto asociamos con el inicio de la primavera. Muy bello, Anne, siempre es un placer leer tus relatos.

    • Albert, no sabes la ilusión que me hace tu comentario! La ilusión que hayas abierto este frasquito para oler las rosas de Bulgaria. Lo más hermoso que me podías decir, enlazar un olor recuerdo con el mismo encerrado en su estuche. Me llega al corazón. Y si, deseaba difundir una sensación de paz (para contrarrestar el ambiente que nos envuelve) y recalcar que la primavera está de vuelta y es fuente de consuelo.
      Un abrazo

    • Mercedes… un recuerdo vivo! Hay que cultivar los recuerdos bellos como las rosas más bellas… me estoy poniendo cursí!
      Un abrazo,querida Mercedes.

  2. Y el recuerdo lejano llegó con pisadas leves, de félino. Y si todos tenemos esos día de neblina, de opacidad y luego un aroma, una mirada y lo que aconteció, se vuelve poco a poco la imagen, Prosa poética que se haces de liviandad, de olores, de suave unto y delicado colores y aroma. Gracias por compartilo bella amiga un abrazo y un beso Rub

    • Qué bonito rub! Vuestros comentarios son más bonitos que mi texto! Qué delicado y sensible el tuyo…como los pasos de un gato.
      Un abrazo, querido rub

  3. Que bueno leer este pasaje, volver así a los recuerdos de la infancia¡ Hay tantos recuerdos que quedaran en nuestra memoria esos que están quizás ya incorporados a nuestra genética, como aquellos sabores y aromas de nuestros platos de la infancia…, las comidas que preparaba mi abuela o mi madre¡ Tantas otras cosas que se despiertan como después de un largo sueño, cosas simples pero bellas…, así como si fuesen un regalo del tiempo que no volverá pero que nos reconforta por haberlo vivido…, cada uno a su manera¡

    • Qué bueno tenerte por aquí, Carlos! La memoria y el subconsciente son una caja de sorpresas que cada uno rememora a su manera. Como me encanta comer un día de esos escribo sobre los olores de un guiso… y doy la receta!
      Un abrazo,

  4. Maravilloso texto Anne, tan lleno de intimidad y recuerdos. Que bien nos conduces a traves de tus palabras a esos recuerdos de niña. Los polvos mágicos han salpicado mi pantalla. los dejaré reposar para que endulcen mis tardes con olores de rosas de Bulgaria. Un saludo

  5. Parece mentira, que…aquellos momentos vividos, hoy convertidos en hermosos recuerdos, que creemos olvidados pero que en realidad están acurrucaditos en un rincón de nuestro corazón, puedan resurgir en un instante con tan solo oler un perfume que despierta aquel momento en que lo descubriste…también pasa al escuchar una canción. Me encanta, me encanta esa forma tan delicada de narrar esa escena de aquella niña empolvando su carita con ese aroma que hoy todavía puedes oler…
    Un abrazo Anne! y miles de besos dorados que te empolven esa carita 🙂 muakk!

    • Si que parece mentira… pero en el momento menos pensado, aparecen y florecen. Gracias por el comentario y dejarme la cara tan glamourosa!
      Un abrazo,

  6. Concha, te había contestado pero no aparece mi respuesta! Te daba las gracias por el comentario y por compartir tu también (vosotros) tus (vuestros) recuerdos. Un intercambio muy enriquecedor.
    Un abrazo,

  7. Hola Anne, muy lindo texto. La memoria funciona siempre de maneras extrañas y diferentes para cada uno, pero creo que en un punto la fuerza de las texturas, las sensaciones, los olores y las formas son las joyas del relicario de nuestra vida… Buena suerte y más que suerte!

    • MX, perdona si te contesto tan tarde pero he estado de viaje, con muy mala cobertura, estoy recién llegada y como se dice… volada! La memoria es muy cambiante y creo que cuanto más años cumplimos, más se deforma. Sin embargo para mi hay olores, texturas que siguen intactas. Creo que para ti también… aunque lo expreses de manera diferente.
      En cuanto pueda te leo.
      Un abrazo,

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