Emigrante.

Dorothea Lange. Migrant mother.

Ya no tengo saliva de tanto susurrar canciones de cuna para apaciguarnos a mis hijos y a mí. La cadencia dulce e íntima de mi idioma me hacía olvidar que, aquí, en este país que no es el mío, mis palabras suenan huecas por mucho que  las gesticule.

Ya no tengo caricias donde puedan anidar mis hijos. El desamparo navega por mi sangre, transformándola en hielo. El cansancio agarrota mis músculos. Mis gestos son fríos como los de los autómatas. La superficie de mi piel está surcada  de grietas como la de una roca azotada por los embistes del mar. Grietas que convergen hacía mis ojos, hacía el socavón de mi boca. Mil gritos atascados en una oscuridad con olor a moho.

En cuanto a mi memoria (donde hasta ahora me refugiaba) me está abandonando:

los olores de nuestra casa, del huerto, el color de las flores del ciruelo, el sabor de sus jugosos frutos, el calor del cuerpo de mi marido, los caricias dulces de sus manos llenas de callos… todo  se ahogó bajo los escombros.

Ya no tengo nada. Solo una realidad impregnada de mugre que el hambre  desarticula en aristas roídas por las ratas que nos acechan desde la alcantarilla. Realidad que, hasta hace poco, tenía capacidad para distorsionar, capacidad que ahora me falla.

Dicen que la esperanza es lo último que se pierde.

Si esperanza es  la respuesta a esta pregunta que me obsesiona: ¿Qué puedo hacer para salir de este atolladero donde no existe ni trabajo ni dignidad? entonces tengo esperanza.

Por muy escueta que sea la respuesta me será suficiente para encontrar una salida. La que sea.

24 pensamientos en “Emigrante.

  1. Un desgarrador relato, en donde la tristeza, la melancolía y el abandono, someten a los emigrantes.
    Anne tus palabras son hermosas cuando expresas cualquier sentimiento.
    Que dura la imagen de Dorothea Lange que tan bien acompaña a tu texto.
    Un fuerte abrazo.
    ¿Anne, te encuentras bien?

    • Mercedes, me encuentro muy bien! Me gusta meterme en las pieles de los personajes,un poco como lo hacen los actores. Mis escritos, no son ni diarios ni recuerdos. Son ficción. Aunque, cuando haga un viaje, me apetece imitarte y contar mis aventuras y desaventuras.
      Un abrazo, querida Mercedes.

  2. Hola Ann ¡¡¡¡ Refieren que la empatía es ponerse en los zapatos del otro. Los emigrantes han dejado todo atrás, como bien dices, la memoría poco a poco se desangra. La realidad que enfrentan es filosa, Mordidas que van desde no encontrar un trabajo, hasta la discriminación que son las que hieren y crucifican el alma. Tu relato de allegarte a una madre que ve como se despedaza lo que mas ama , llega fuerte y tiiene voz propia… Un abrazo y un beso querida amiga… Rub

    • Has encontrado la expresión justa, rub: ponerse en los zapatos del otro es lo que intento hacer, siendo muy consciente que me quedo a años luz de la dura realidad de los personajes a los que deseo dar voz. Me encanta tu comentario, expresa todo le que deseaba decir.
      Un abrazo, querido rub.

  3. Más aristas en esa colección de sufrimientos del ser. Ésta es especialmente afilada:

    “…mi memoria… me está abandonando.”

    Sólo imaginarlo suena a terrible.

    Y nuevamente, tanto en la imagen.

    Un beso

    • Juan,cuando la memoria es el único lugar donde uno tiene donde aferrarse, debe de ser terrible irla perdiendo por agotamiento.
      Un abrazo,

  4. intensa reflexión para una imagen extraordinaria. De los ojos de esta madre brotan angustias y las palabras que tu dibujas. Un saludo

    • Concha, la imagen, aunque la hayamos visto muchas veces, no ha perdido ni un ápice de su fuerza. Pura actualidad. Gracias, Concha.
      Un abrazo,

    • sabes, estrellitas, siempre me gustó observar a la gente, creo que soy un poco “voyeur”, almaceno datos en el inconsciente. Si a esto le añades que me gusta mucho leer y creo tener empatía por la gente… no me resulta tan complicado meterme en la piel de los demás.(Intentarlo es más respetuoso).
      Un abrazo redondo.

  5. Esperanza, siempre esperanza, ¡claro que sí! La dignidad, aun cuando parezca que todo se nos ha arrebatado, nunca se pierde.

    La foto impresiona; muy adecuada para este post.

  6. Anne
    não é humano pedir esperança a esta cara de abandono. Não vejo desesperança no olhos desta mãe, vejo desistência, o que é bem pior. È esse descrer da vida que leva a poder admitir o “sea lo que sea”.
    Na foto as duas filhas estão de “espaldas”, não se veem os olhos, o que é intencional e dá mais verdade à imagem. Nelas ainda há de certeza essa esperança que gostariamos não morresse quando se virarem de frente para a vida.
    Um abraço

    • xico, me gusta tu manera de comentar una foto tan desgarradora, demuestra tu gran sensibilidad. Qué difícil es mantener la esperanza cuando la vida te da la espalda como lo hacen los niños delante de una realidad que les sumerge.
      Un abrazo,

    • micromios, todos podemos ser emigrantes o sentirnos emigrantes en alguna situación que no dominamos. La imagen es soberbia.
      Un abrazo,

  7. Es verdad , querida Anne…. todos somos emigrantes de algo …. Puede ser más duro o meno duro, pero la sensación que se queda en el alma es siempre la misma,.
    Nostalgia ….
    Un abrazo , Gabi

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