Quimera.

Elliot Erwitt.

Acababa de terminar el libro de Javier Marías “Los enamoramientos” cuando entró una pareja en el bar, cercano a la estación de Atocha, donde acostumbro ir a comer, (un hombre y una mujer rondando la cincuentena, de estatura y corpulencia media,  facciones agradables aunque corrientes). Llovía y llevaban ambos gabardinas de un beige muy claro. Una pareja como las hay a miles, una pareja a la cual no habría prestado atención de no estar todavía imbuida en el libro que acababa de leer.

Se sentaron juntos, frente a mí, en una mesa separada de la mía por  un estrecho pasillo. No se quitaron las gabardinas, y nada más tomar asiento  enlazaron sus manos. De ellos emanaba una fragancia a lluvia, que, a modo de burbuja, les aisló de inmediato del olor a calamares fritos que impregnaba el ambiente.

Empecé  a observarlos con disimulo. Al comprobar como no reparaban ni en la presencia ni en la voz del camarero, que para hacerse notar tuvo que dar unos golpecitos en la mesa, mi contemplación se volvió inquisidora.

Me sentía atraída como un imán por sus miradas anudadas, la profundidad de la de él, (de ella solo veía el perfil),  río de dulzura en el fondo de un pozo, ojo donde se asoma el mar en medio de la roca.

Con gesto muy tierno, él deshizo el nudo que ataban sus manos introduciendo una de las suyas por debajo de la manga de la gabardina de ella, desvelando la desnudez del brazo, acariciándolo en lentos movimientos circulares. Las manos de ella se agarraron con tal fuerza a la mano dejada en prenda entre las suyas que los nudillos se volvieron blancos. Detrás de la ventana cargada de nubes negras, el cielo clareó  llenando de destellos la superficie de las gabardinas  donde las gotas de lluvia habían dejado marcados caminos convergentes.

La imagen de la pareja era tan bella que huí  sin meter ruido. Poner distancia con celeridad era imperativo para mantener viva la esperanza de la quimera del amor.

Al salir del bar, un coche me salpicó de agua sucia manchando mi gabardina  de un beige muy claro;  no pude evitar darme la vuelta para ver a la pareja una última vez. Un vaho fragmentado cubría el cristal de la ventana impidiendo la visión, vaho  que cubre la ventanilla del tren mientras me alejo del bar cercano a Atocha y escribo estas líneas.

34 pensamientos en “Quimera.

  1. ¡Dios mío, Anne! Quiero saber si es cierto, si los viste, pero no quiero. No quiero saber que es sólo una de tus creaciones poéticas imaginadas frente al teclado, junto a un café o una infusión de hierbas o, si las temperaturas tuyas son tan infames como las mías, de una limonada frapé, una perrier o un café glacé. Quiero que tu post sea una hermosa foto revelada con palabras, o un dibujo frente a los modelos, reales, vivos, respirando y amando hasta morir dentro de sus gabardinas. No me respondas la pregunta que no hice, por favor.

  2. Uf! Que genial! Tantas vueltas le doy al “enamoramiento” en estos días, que tu texto es mas que revelador. Creo entenderlo a la perfección. Me encantó.
    Abrazo

    • Vi, te aconsejo que leas el libro de Javier Marías…da mucho que pensar. Reflexionar sobre el enamoramiento es bueno aunque duela.
      Gracias y un abrazo,

  3. Te devuelvo la visita y me encuentro con que eres una mujer francesa que escribes en español, relatos románticos.
    Me entusiasma esta experiencia tuya, sobre todo, teniendo en cuenta que, para mí, el francesa es uno de los idiomas más románticos del mundo.
    Bello el relato. Nos encontraremos con frecuencia.
    Un abrazo

    • Mercedes, te agradezco la visita así como el comentario. Para mí el español es un idioma que posee mucha fuerza y muy expresivo! Me encanta su sonoridad cuando se hace de él buen uso.
      Un abrazo,

  4. Ann has acudido a una cita con el amor, el enamoramiento – solo ellos y el tiempo- Pero hay una pareja que en ese instante se levanta sobre la violencia, el dolor, la inmundicia terrenal y flota diciéndonos que es diferente. Lo describiste con poesia y exactaas palabras en la escena de las manos. Si escarbamos en nuestra memoria, seguramente nos recordaremos que alguna vez la primera presencia la tuvimos. Gracias por compartir… un abrazo y un beso Rub.

    • rub, el amor contra la locura del mundo! La visión de una pareja enamorada absorbe y flota en nuestra mente como una pareja de Chagall, mente, donde a su vez recordamos que hemos sido o podemos ser una pareja que se ama. Un comentario precioso que te agradezco, amigo rub.
      Un abrazo,

  5. Anne, esplendido tu relato, tan real y con fragancias románticas, hoy mientras miraba un partido de hockey sobre grama recibí tu post, me encanto y además también tu regreso¡ A veces las ocupaciones no nos dan respiro…, pero es bueno leerte…
    Abrazos
    C.

    • Gracias Carlos! Muy bueno tu comentario y muy cariñosa tu bienvenida…de ahora en adelante voy a intentar ser más presente.
      Un abrazo,

  6. Ya me habian hablado del libro así que le pongo en mi lista. Me gusto como imaginas ese encuentro. Con lluvia y gabardinas claras. Un saludo

    • La escena está inspirada en el libro…pero no tiene nada que ver, sería una falta de respeto. El libro es muy bueno y da mucho que pensar, es de varias lecturas.
      Un abrazo,

  7. a veces uno se cruza con esas parejas que nunca vio y nunca verá salvo por ese momento fugaz, y recrea el amor que se tienen como si fuera el amor ideal, el amor romántico. creo que al eternizarlos en ese instante (hayan existido o no, existen otros como ellos) les diste un poco de amor eterno.
    abrazo

    • g, en efecto deseaba congelar el momento…para poder soñar en un amor eterno…aunque deje indicios poco alentadores!
      Gracias y un abrazo,

  8. Javier Marías es uno de mis escritores favoritos, no podré olvidar su emocionante “Mañana en la batalla piensa en mí”. La estampa que detallas es maravillosamente tierna, tal vez esconda un amor prohibido, un reencuentro o una íntima amistad.
    Un beso. Rafa

    • Rafa, Javier Marias es también uno de mis autores favoritos, me ayuda a pensar y , como le dije ayer cuando me firmaba
      ” Los enamoramientos”, ( si, había cola!), sus libros son excelentes para leer un español perfecto y un modo muy ameno para aprender gramática hispana. Al fin, siempre tan oportuna!
      Un abrazo,

  9. Me ha encantado esta entrada, te sumes tanto en los detalles que inevitablemente entro a formar parte de la clientela del bar como testigo de lo que cuentas.
    Un abrazo.

  10. Cuando uno tropieza con escenas como esas, inmediatamente, al menos en mi caso, cree en esas oportunidades que la vida nos pone al frente cuando parece que queda poco para sorprendernos. Me ha gustado o no, no lo sé. O sí, y me ha encantado. Las cosquillas no terminan nunca, sólo hacen falta las manos apropiadas.

    • Anita, eres muy divertida comentando! Sin el azar que junta y desjunta, duele o nos hace feliz la vida seria muy aburrida.
      Un abrazo,

  11. Encantadora historia.

    Permitidme comentaos que, especialmente en éste relato, os he sentido mucho más suelta, dando continuidad a la narrativa, lo que le hace más fresca al leedle.

    Enhorabuena Anne.

  12. Anne
    O importante é ter os olhos abertos. È ver as pequenas coisas. É ver essa gente cinzenta para quem ninguém olha mas está viva e tem mãos que despertam prazer, tem olhos que turvam o olhar do outro, tem ternura bastante para que o ruido do mundo não se oiça, tem sentidos abertos à sexualidade que o prazer dessas mãos viajantes lhes despertam.
    Por vezes somos elitistas demais e por iso não vemos.

  13. xico, los ojos abiertos… y receptivos al amor y a la ternura, sentimiento en desuso que es la trama que sostiene la creencia en el amor y nos aleja del escepticismo, de la desgana. Los niños no suelen ser elitistas, así que solo los adultos con alma de niño suelen ver estas cosas…alguna ventaja teníamos que tener!
    Un abrazo,

  14. me gusta recrearme en los transeúntes, en la gente anónima que no imagina ni por un momento poder ser objeto de observación

    y cada pareja es un mundo, como lo es su relación, y la forma que tiene de expresarse

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