Pequeñas infamias o la vida íntima de una ciudadana llamada X (5), dando por supuesto que X es intercambiable y de sexo variable.

Jill Greenberg

Víspera de puente, refunfuña X  mientras abrocha el último botón del uniforme. Los tubos fluorescentes de los vestuarios  del personal de seguridad del aeropuerto alumbran sin dejar resquicio. El espejo devuelve la imagen de una mujer reseca, de tez plomiza, ojeras negruzcas y pinta de marimacho amargado. X, harta de cargar con un físico que detesta desde hace más de cuarenta años se lía a puñetazos con el maldito reflejo. Reacción violenta que últimamente la sacude a menudo.

 Pasado el ataque de ira,  se dirige hacia la zona de control de equipajes, saluda a sus compañeros con ademán seco y se coloca junto al arco detector de metales. Mientras se masajea los nudillos, observa con regocijo el rebaño de pasajeros aparcados dentro de un pasillo laberíntico delimitado por cintas rojas.

Bajo el arco pasa una vieja encorvada, calzada y  agarrada a un bastón con mango de plata. Pita.

-Zapatos y bastón sobre la cinta, espeta X.

-Señorita, balbucea la vieja con voz temblorosa, es que, es que, necesito apoyo, no puedo descalzarme sola, pero mi…

X corta la frase en seco.

-He dicho que zapatos y bastón fuera, así que media vuelta.

El balbuceo le ha recordado  a X, otro balbuceo baboso, el de su suegra…y  la  deprimente perspectiva  de los escasos días de vacaciones cuidándola en un pueblo de mala muerte, mientras el hijo adorable de una y marido déspota de otra, se pasa los días tomando cañas y jugando al mus con los amigotes. X siente la rabia sumergirla de nuevo, aprieta los puños dentro de los bolsillos y para calmarse observa con regocijo la fila de borregos que tiene delante y pronto recibirán el hierro de la casa.   

Con mirada de cacique, X ve cómo, en primera fila, un hombre con pinta de ejecutivo ayuda a la vieja a descalzarse con ademán cariñoso. Pone el bastón, el bolso y los zapatos en una bandeja mientras en otra pone los suyos, la chaqueta, el reloj, el cinturón y el móvil, y en una tercera el ordenador sacado de su funda. Sujeta los bultos como puede y tiende el brazo a la anciana que se agarra a él como a una boya salvadora. Llegan hasta el arco, la vieja se suelta y consigue franquearlo, tambaleante pero victoriosa. El detector de metales no ha emitido ningún sonido. Su rostro tenso de aprehensión se relaja. Por poco tiempo.

-Levante los brazos, la tengo que cachear, ordena X.

La vieja, con gran esfuerzo, despega ligeramente los brazos de los costados.

-He dicho levantar.

-No tengo movilidad, la artros…

-¡Claro que la tiene!

X, al levantar los brazos, nota la rigidez de las articulaciones, oye sus crujidos. Su mal humor se va disipando, siente un cosquilleo de placer invadirla. Los balbuceos, bajo los gemidos se vuelven imperceptibles.

Mientras X cumple  su tarea, el acompañante de la anciana ha salido ileso de la prueba  del arco, se pone los zapatos, el cinturón, la chaqueta, el reloj, recoge móvil, cartera y ordenador, así como el bastón, los zapatos y el bolso de la anciana. Sudoroso, llega  justo a tiempo para agarrar por la cintura a la anciana medio desfallecida.

X, enfurecida por esta nueva muestra de solicitud, tan poco conforme a su código de conducta, despacha a la vieja con un -¡venga muévase, no ve que está entorpeciendo!

Y al acompañante con un destemplado – ¡suéltela que lo tengo que cachear, y más deprisa!

X se queda paralizada al observar como en vez de obedecerle, el disidente saca una tarjeta de su chaqueta y la acerca tanto a su cara que le cuesta descifrar que el que tiene delante no es ni más ni menos que el jefazo de la empresa de seguridad donde trabaja.

-Señorita, preséntese el próximo lunes  en mi despacho  a primera hora, su abuso de autoridad es intolerable.  Y más le vale que no perdamos el avión de Alicante.  

El tono no admite replica. X baja la cabeza con actitud servil.

 Mientras tanto, en la cinta colindante, una compañera ordena a una madre que desnude a su bebe, no vaya ser que el pañal  esconda sustancias prohibidas.

Lo que no sabía el jefazo es que al lunes siguiente el que no iba a poder acudir a la cita era él, por hallarse los controladores aéreos en huelga de celo.

24 pensamientos en “Pequeñas infamias o la vida íntima de una ciudadana llamada X (5), dando por supuesto que X es intercambiable y de sexo variable.

  1. Los borregos, como siempre, pagan los platos rotos. La personificación que haces del Sistema (con mayúscula, para que no haya dudas) es tristemente hilarante. Ni X ni su jefe existen, sólo exiten los borregos, ese rebaño aparcado dentro de un pasillo laberíntico delimitado por cintas rojas, que se enfrentan a los delirios del Sistema, el cual ha creado las condiciones que, a su vez, han hecho necesarias las humillantes medidas de seguridad. Y ese sistema tiene dos rostros: el físico detestado por la inexistente X, que se lía a puñetazos con un inexistente espejo, y la amabilidad aparente de su inexistente jefe, que gana sus buenos dineros (éstos sí, existentes) gracias al Sistema.
    Muchas lecturas tiene esta historia, Anne: ésta es la que yo hago. El sistema ha conseguido aborregar por este medio hasta a los altos ejecutivos y a los políticos de las divisiones inferiores… ¡que ya es decir!

    • Albert, tu lectura de mi historia es muy “política”, en el sentido griego de la palabra. Quería expresar que somos una sociedad de borregos y para esto elegí como escenario un aeropuerto y la ímagen de las colas de gente aparcadas entre cintas esperando su turno para ser cacheadas. En cuanto a X y a su jefe, en mi cabeza existen, X, una persona amarga que hace abuso de poder y su jefe, abuso de autoridad. Por supuesto X es intercambiable y bien podría pertenecer a las más altas esferas y por supuesto al sexo opuesto. Lo mismo digo de su jefe. Al fin que mis relatos de X no dejan de ser caricaturas donde me divierto exacerbando nuestras pequeñas infamias diarias, que a menudo no son tan pequeñas y tan acostumbradas a ellas no nos damos ni cuenta.
      Un X, entre tant d´autres, t´envoie ses plus sincères amitiées.

  2. Uno no debería llevar a cuestas la carga una vida infeliz a donde vaya y menos intentar endosárselo al primero que ve inferior.
    Aunque el abuso de autoridad no es sino un pálido reflejo del que está un escalón mucho más alto.
    Tiemblo cuando tenga que volar.
    Salut

    • Micromios, es verdad que nuestra vida personal no debería repercutir en nuestro trabajo, sobre todo cuando uno tiene poder sobre los demás. Por supuesto a cuanto más poder, más abuso…eso sí, más politicamente correcto!
      Cuando tengas que volar mi consejo es comportarte docílmente. En cuanto a las X suelen ser un pelín más amables!
      Un saludo

  3. Una interminable cascada de situaciones que cada vez más encontramos en personal de uniforme. ¿Quién no ha sufrido el abuso? mientras leía recordaba situaciones similares y mi enojo subía de tono. Lectura con el estómago encogido por el coraje. Bien.

    • Raymundo, aunque esta historieta es una caricatura, creo que todos hemos sufrido algún abuso de poder y resulta de lo más desagradable. lo curioso es que lo aceptemos.

  4. Me ha gustado mucho Anne. Que zorra la tipa, no soporto a esa gente ! La has descrito muy bien.

    El jefe ha hecho lo correcto, aunque un poco peliculero delante de todos.

    No soporto a los controladores. No debería estar permitido hacer huelga así a alguien cuando lo que hace es repercutir a los miles de pobres curritos que tienen una semana de vacaciones y se las fastidian por una reivindicación. No es justo. El poco tiempo al año que la gente puede disfrutar en este mundo no se puede arruinar así. Aquí dejo mi reivindicación 😉

    • Charradetas, aquí queda tu reivindicación junto a la mia. Una vez se me ocurrío rebelarme y…bueno, más vale quedarse calladita! Mi X es una caricatura, pero por desgracia algunos controladores se asemejan bastante. Creo que el jefe se parece mucho a X…en más poderoso!

  5. Siempre me ha llamado la atención el perfil de aquellos que toman este tipo de empleos. Están repetidos con molde. Conoces a uno y los conoces a todos. Abusivos y excesivamente apegados al reglamento, gozan de su minuto de gloria como puercos en el barro. Neutralizan su capacidad pensante, si es que la tuvieron alguna vez y sabes? curiosamente, todos fueron abusados de alguna forma alguna vez. Son niños traumatizados por ser los más lentos del colegio, la fea del curso, el único sin padre, o algún otro abuso mucho más terrible. Luego toman estas “responsabilidades” y ya has graficado el resultado.
    Un abrazo mi querida Anne. Aún me condicionan los babuinos, pero es sólo yo y mi psiquis que no llegamos a acuerdo 🙂

    • Querida chrieseli, estoy totalmente de acuerdo contigo sobre el perfil de los que ejercen este tipo de empleos, por supuesto sin generalizar. Se dice que muchos policias, por ejemplo, de no haber elegido esta profesión hubiesen sido delincuentes. Al igual que tú me parece que muchos de ellos arrastran serios traumas que condicionan su actitud.
      Y hablando de psiquis, la que debe de estar trastornada soy yo! He elegido babuinos para ilustrar mis dos últimos post!
      Abrazos

  6. Me encanta este texto que tan bien describe los abusos a que estamos sometidos los pobres viajeros. Lástima no coincidir con ningun jefazo. La proxima vez preguntaré entre mis compañeros de fila. Un texto lobrado con un toque de humor e ironia que tanto me gusta de tus relatos.
    Saludos

    • Concha seguro que tú, que viajas tanto en avión, has sido víctima de algún abuso de poder…digamos, poco agradable. Intenté darle al texto un toque de humor…pero cuando paso el control de equipajes en un aeropuerto y las cosas se tuercen mi sentido del humor es igual a cero. Hecho que lamento!

  7. Puedo decir que no me gustan nada, más bien detesto a las personas como la X aquí descrita.
    He trabajado de cara al público y me he esforzado en ser educada y atenta, en tener un perfil amable y una sonrisa fuese cual fuese mi estado de ánimo y las circunstancias.
    Pero, voy a llevar un poco la contraria, por eso de que yo también he estado en el otro lado. Probad de resistir en un trabajo en el que estés de cara al publico todo el día expuesta, además en una situación en que la gente tiene que esperar en cola, o hacer un trámite desagradable. Os voy a decir algo sorprendente, es la gente la que te hace reaccionar, procurarte un escudo y estar preparada para reaccionar ante mil y una impertinencias.
    Repito, no es que la excuse, todo lo contrario, la detesto. Pero el problema está en el sistema y… sí, en la gente.
    Lo que marca la diferencia, desde mi punto de vista, es la gente, esté en el lado que esté.

    • Mira Fanou, me gustan mucho los distinctos puntos de vista. Nos difencian de los borregos! Referente a tu comentario, Albert decía que en definitiva todo es producto del Sistema, y es verdad. Y claro que es diferente estar de cara al publico todo el día, cosa muy complicada y estar en la cola; en la cola, y te doy la razón, hay X como para coger con pinzas . Ahora también es cierto que hay ciertos vigilantes jurados que son de armas tomar!

    • fanou, que cabeza la mía, debe ser el viento! Se me olvido mandarte un saludo y a Concha también, así que aprovecho!

  8. me encanta esta serie de x. es muy bueno como vas contando de a una todas las miserias humanas de nuestra moderna sociedad, y el nombre me parece todo un hallazgo, preciso y contundente.
    salut!

  9. Suscribo a Fanou y suscribo a la autora del texto. Tantos mundos en este que cada vez parece más difícil ponerse en la piel de otros, pero, como nos muestra el ejemplo, no es imposible.
    Perspectivas, puntos de vista, simpatía, cada persona es un mundo con una percepción distinta. Supongo que humanizar a X sería tan válido como describir a las personas que sufren las consecuencias de su labor. Presupongo que hay, como en los demás campos, tantos individuos como en el de la seguridad, tantos como cerebros sacando tempranas conclusiones y dando su versión de los hechos. Creo que el escritor debe mostrarse neutro en estas historias; tanto si el protagonista es un capullo o una excelente persona, dejar que sea el lector quien haga las críticas.
    Anne así lo ha hecho (Bien, muy bien), motivando que sean otros quienes construyan el perfil del personaje.
    Personalmente odio la imagen del portero de discoteca o del segurata dedicado al culturismo en su horario libre, pero de últimas, con la crisis y el deseempleo, los conceptos son otros, hay seguratas con estudios, con hijos, con bigote, operados para cambiar de sexo, burros, guapos o listos. Lícitos para dar su versión de los hechos y contar lo rompepelotas que son algunos usuarios que por pagar o tener se crean los amos del mundo o que todos los empleados deben estar a su servicio y actuar según las normas (Las que se cree con derecho el usuario). Y viceversa con algunos de los empleados.
    Ni pongo ni quito, como otros he sufrido ese tipo de absurdo abuso en mis prietas carnes, sólo abogo por exponer todas las partes encima de la mesa y dejar que sea el público quien prejuicie, aconsejando prudencia y reflexión antes de opinar.

    Muy candente.
    Tu admirador loco, Edu

    • Estimado admirador(eso de admirador me sube mucho el ego,¡Soy de un simple que asusta!), voy a contestar a tu alegato con una frase muy…simple como me corresponde: todos tenemos un X dentro, que en algún momento se despierta y nos hace actuar de una forma de la cual nos avergonzamos cuando reflexionamos con la cabeza fria. Bueno, yo por lo menos.
      Tu fiel admiradora, X. Pensandolo mejor, como hoy no me he portado mal del todo firmo, x

  10. Empecé a leer la historia y decidí que quería dejar algún comentario. Para pensar en el comentario, me puse a leer todo lo que han dicho y lo último me ha parecido muy interesante. Lo primero que pensé era que no me gustaba X, me dio pesar de la viejita y rabia con X. Pero el último comentario es cierto: todos tenemos, de alguna forma y no necesariamente tan literal, un X, a veces explotamos pero tenemos que aprender a controlarlo y a vivir tranquilos.

    No estoy en contra de las personas que tienen trabajos como el de X, hay muchos que lo hacen bien. Es algo bueno para pensar y me gusta cómo aparece una situación común para viajeros.

    • Juan Pedro, como el último comentario lo he escrito yo, estoy absolutamente de acuerdo con el! Fuera de bromas, creo sinceramente que todos llevamos un x o X dentro, lo bueno sería aprender a controlarlo pensando en no hacer, o decir, lo que no nos gustaría que nos hicieran o dijeran. Dicho eso sigo pensando que, aunque escapen algunos, la gente que detiene poder suele cometer abusos. Gracias por dejar tu comentario.

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