Cuarenta grados de ira en la plaza de San Cayetano

Ira

 El asfalto se derrite. El sol cae a plomo encima de las farolas, abiertas en cuatro lanzas, calentadas al rojo vivo. El agua salpica metálicamente la rejilla de la fuente. Los reflejos de luz blanca de las paredes acristaladas del aparcamiento resecan los parterres. Unas tijeras de podar de borde afilado, brillan encima de la tierra resquebrada. Los árboles están cercados por triángulos de acero. Los frenos del bus chirrían. Las bocinas de los coches castigan duramente el aire compacto. Detrás de la fachada medio desconchada de un inmueble, se oyen por las ventanas, abiertas y tapadas por persianas de mimbre verde, el sonido vociferante de televisiones puestas a todo volumen.
Los alaridos enfurecidos de una pareja perforan el ambiente saturado de luz.

2 pensamientos en “Cuarenta grados de ira en la plaza de San Cayetano

  1. “Coches por todas partes,
    aire irrespirable.
    Soy como una máquina infernal,
    no tengo tiempo para amarte”

    Gracias por tu interés Anne, pero de momento naufrago entre dos aguas. Cuando juegas contra el Diablo, la partida es a vida o muerte, y todo debe asimilarse con calculada percepción.
    Espero regresar lo más pronto posible, prometo tenerte al corriente.
    Gracias amiga.

    • Un buen marino, y tú lo eres, no naufraga entre dos aguas, navega.
      Un abrazo.

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