Reencuentro

reencuentro

Catalina se tumbó de espaldas sobre la roca plana  pulida por las mareas de equinocio. La superficie de granito había almacenado durante horas el sol de verano. Podía sentir como la piel erizada por el  baño helado se iba calentando en oleadas densas. Ladeó la cabeza hacía el mar. Miguel salía del agua sacudiéndose vigorosamente entrevetado bajo el movimiento indolente de las pestañas de Catalina. Las gotas en suspensión, atravesadas por la luz, le encerraron en una aureola concéntrica. 

Catalina cerró los ojos y notó como el cuerpo de Miguel se tumbaba flexible a su lado. Se quedaron muy juntos, felices y vagos. Miguel pasó el brazo bajo su cabeza. Catalina se acurrucó contra él. Sentía como la mano de Miguel se deslizaba suave sobre su cuerpo desnudo. Catalina abrió los parpados, se topó con la añorada mirada azul oscuro, negra de deseo. Se veía reflejada,  en el centro de las pupilas dilatadas, cabeza de aguja, contorno necesario definiendo un ojo rojizo, pozo hondo de latidos. Bajó la vista hacía los labios, imantada por la calidez del aliento. Durante un instante pudo ver el dibujo de los dientes. Miguel acercó bruscamente la boca hacia la suya. Sus lenguas se mezclaron con ternura para dehacerse enseguida en besos ligeros, llenando mejillas y cuellos de aleteos suaves, perdidos en la  memoria.

Volvieron a unir sus bocas en un cariño duro lleno de espera. Catalina masticaba estos besos densos nutriéndose de ellos, saciando el hambre que la devoraba. Ahora Miguel esculpía su cuerpo con cincel, sacando aristas desconocidas que le arrancaban gemidos. Sintió el peso de Miguel cubriendo cada átomo de su cuerpo. La sangre bailaba al compás de los latidos desbocados del corazón.  Su vientre se deshacía en ondas cilíndricas alrededor del sexo de Miguel germinando en  ella. Catalina oía como unos quejidos afilados se escapaban de su boca. Se aferró a la espalda de Miguel y le clavó las uñas crucificándole  contra el arco de su cuerpo. Abrió los ojos, el sol le quemó las pupilas. Miguel se deshizo dulce sobre ella. Se sentía muerta y confusa perdida en esta dulzura.

Del bosque cercano llegaba un olor vegetal y ella, insensata, peligrosa de deseo buscó otra vez, rabiosamente, la lengua de Miguel.  

6 pensamientos en “Reencuentro

  1. Anne, perdone las duras palabras de mi anterior comentario. Me enojo al observar como escritores con talento abjuran de sus buenas maneras por dictados de la moda. Pero dejémoslo, posiblemente sean solo manías de viejo cascarrabias con dificultades de adaptación.

    Hoy nos regala un texto, delicadamente erótico, muy hermoso, lleno de poesía.
    El anterior…un texto muy díficil (al menos para mí) que me deja algunas preguntas sin respuesta.

    Un saludo

    • Ricardo, no tengo nada que perdonar. Las críticas me ayudan a mejorar y es cierto que la voz de la adolescente, al serme completamente ajena, sonaba forzada, pero me gustó intentar buscar esta voz como me gustó escribir el texto Pena Azul aunque resulte incomprensible! En este último caso intentaba describir como toda pasión tiene un componente narcisista. Uno se ve reflejado como un dios en la mirada del otro y cuando la relación se rompe uniterálmente Narciso se queda hecho añicos. Otro intento fallido, la próxima vez intentaré ser más explícita.
      Un saludo afectuoso de una aprendiz de la escritura.

    • Para mi la aristocracia es la de la nobleza del pensamiento, expresada de manera variopinta, y llevada a cabo, en la medida de nuestras facultades humanas, por lo tanto limitadas, en nuestra vida cotidiana. Un abrazo

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