Robert Doisneau.
… D, de desembarco. Bruscos desniveles en el terreno recuerdan la violencia de la contienda.
… D, de deforme. Perro cerbero, sombras clonadas de hocicos desencajados, los colmillos escupiendo fuego.
… D, de dios encogido, balanceándose en la punta de un campanario, decrepitud. Muerte súbita por desamparo.
… D, de diluvio, nubes desinflando su bilis en el horizonte. Me tapo los ojos con las manos, no quiero ver, dice el soldado desconocido , defecando de miedo, desorientado en una vida que no puede ser suya. Deglución imposible, nudo en la garganta, víboras agarrotando los puños.
… D, de defenderse o defenestrarse desde lo alto del acantilado para no sentir los picotazos de la gaviotas, sus chillidos en medio de la carnaza.
…D, de desertar el presente para sobrevivir, romper a dentelladas la imagen del funeral de cuerpo presente… tentadora. Luchar como una bestia, pensar como una bestia. Seguir a rastras.
… D, de damascos y rosas en una avenida cualquiera.
… D, de danzas y sueños bajo el capricho de los visillos mecidos por la brisa
… D, de divertido, risas y sonrisas, besos enlazados
… D, de decibelios de una sonata de Mozart inspirada en nuestros ojos ¿dos o cuatro?
… D, de dedos, dibujando, esculpiendo arabescos sobre la piel amada
… D, de dedos, los míos, tecleando la palabra, gracias, al soldado desconocido cuyos rasgos no me son ajenos.

