Mujer flor.

 Marilyn Monroe. The last sitting. Bert Stern.

Cansancio de vivir y rutina sería mi vida de no ser por tu rostro que dibujo sobre la almohada ¿Qué has hecho, amor, para enredar mi corazón entre los pliegues más recónditos de tu alma?

Sin ti mi cuerpo se asfixiaría, agonía de poros privados de luz. Pero tu aureola nunca me abandona, me sostiene cuando la montaña se inclina hacía el agujero negro que, en mis pesadillas de niña, me sorbía con la fruición adiposa de los gusanos.

Pero hoy, como todas las noches, enciendes detrás de la ventana lunas duplicadas.

Entreabro mis labios, ansiosa de besos… recuerdo el primero, dos desconocidos con hambre de explorar al otro y asombrados de reconocerse en el nudo de sus lenguas.

Me aprietas fuerte, tan fuerte que derribas todas las fronteras y todos los miedos.

Me cubres de besos, dulzura de terciopelo en las venas, me aferro a tu espalda, me pego a tu torso, violenta explosión de cuerpos demasiado comprimidos bajo la estrechez de su piel. Dentro de tus brazos me ramifico, tu sexo me llena de savia, de mis pechos brotan capullos de rosas,  de nuestros ojos, peces escurridizos.

Hoy es primavera en nuestra cama, nuestro cansancio es lecho de musgo mullido bajo la sombra del estallido de nuestros sentidos. Mi cabeza gira, ebria de pasión, peonza que sostiene la bola del mundo. Tu rostro en mi mano.

Rafael Caunedo y su Mundo voluble…

Agradezco a Rafael Caunedo (Mundo voluble: R BLOG AWARD,LIEBSTE) por haberse acordado de mí y “m´avoir mis dans le sac” de sus cinco blogs preferidos.

Estimado Rafael gracias de nuevo por estos besos, abrazos y palmadas en el hombro. Te los devuelvo por correo

Adjunto  la entrada de Rafael que explica mejor que yo este premio.

Hay gente por ahí pensando cosas. Entre ellas han ideado un sistema para estimular el desarrollo del ‘mundo blog’. Se trata en este caso de un simbólico premio, el “Liebster Blog Award”, concedido, también simbólicamente, a aquellos blogs de menos de doscientos seguidores que merezcan un reconocimiento por su esencia y contenido. Así, formando una cadena de ‘besos, abrazos y palmadas en la espalda’, los blogueros vamos nombrando nuestros cinco blogs favoritos.
Agradezco entonces a Anita Noire y a su La vida en un susurro que pensara en mi Mundo Voluble. De igual modo, y para seguir con esto, aquí os dejo mis cinco nominaciones después de haber estado reunido conmigo mismo un buen rato para elegirlas:
Amando García Nuño , por su capacidad de inventar.

Ana Pérez Ara, por su buen gusto y por decir lo que yo quisiera haber dicho.

Anne Fatosme, por su arte de evocación.

Poma, por decir mucho en poco.

Cecilia Quilez, por su seducción mediante palabras.

.
Sigo la cadena. y adjunto  a continuación mis cinco nominaciones.
Albert Lazaro Tinaut, mi maestro, por su erudición . Transeuntenorte
[ALT+Pärnu+2008+red..jpg]
Concha Huertas, por su forma tan amena de acercarnos a la cultura.Concha Huerta
Rub García. Por inyectarnos en vena las vivencias de su país, Mexico. Rubén García
Mercedes Molinero, por contarnos anécdotas de una España de otra época. Mercedes Molinero.

Ana Maria Capdavid, por su talento. Arma de Casa
… son muchos los blogs que me gustan pero solo podía elegir cinco! Así que besos, abrazos y palmaditas en el hombro a los no citados.
Las reglas del Liebster son:
1. Copiar y pegar el premio en el blog y enlazarlo al blogger que te lo otorgó.
2. Señalar tus cinco blogs preferidos con menos de 200 seguidores y escribir comentarios en sus blogs para que conozcan que han recibido el premio,
3. Y, por último, esperar a que esas bitácoras continúen con la cadena y elijan a sus 5 blogs preferidos.
*****

Viajando por Noruega. Oslo.

 

31/3/12.

 

En Oslo florecen los narcisos en las jardineras y en el mercado de flores. En los parques la hierba está parda tras los rigores del invierno y los árboles  verdean bajo el empuje de la savia aunque dicen que va a volver a nevar.

 

Nada hace presagiar una vuelta del invierno a pesar del frescor del aire. En el puerto suenan las risas de los niños (¡Cuantos niños hay en Oslo! Trozos de cielo capturados en sus miradas al ras de sus gorros de lana. Risas sobre patines, frenazos de bici, trenzas al vuelo, globos de colores)… ¡ Y rabietas!

 

Nubes blancas sueltas en una atmósfera muy pura.

 

En la ópera, detrás  de la pared de cristal, deslumbramiento de luz y de nubes, momento de paz, Munch suaviza su grito, el cielo se desliza dentro de los ojos, el frescor de los fiordos revigoriza la sangre, torrente de venas orladas de narcisos. Silencio de la primavera noruega muy lejos de la pena oscura.

 

 

1/4/12

Hoy huele a nieve. El viento se ha llevado las risas, raspa la orejas y se introduce, sibilante, en los tímpanos.

Se oyen crujidos de ramas, el chirrido agudo de las gaviotas y  el de otras aves de cabeza negra.

Un acordeonista toca la canción de Lara del doctor Zhivago. En el suelo unas bolsas de plástico se inflan, emprenden vuelo asidas a una ráfaga para desinflarse unos metros más tarde enredadas como volutas alrededor de los pies del músico.

En el Viking Ship Museum, la proa esbelta de una embarcación fabricada por hombres cuya sangre navega por mis venas me invita a proseguir mi viaje hasta  las tierras inhóspitas del norte, hasta Kirkeness, pueblo colindante con Siberia.

P.S. Sí sobrevivo al frió (¡creo que sí porque voy bien equipada… y no voy a alojarme precisamente en un igloo!),  pero sobretodo si hay cobertura internet, os iré informando de mi viaje.

P.S.1 ¡Presumo mucho de mis orígenes vikingos pero, visto mi poca resistencia a los rigores climatológicos, creo que mis genes, después de generaciones enraizadas en tierras galas se han quedado un tanto… afrancesados!

Pulsión.

 Photografer Hal.

 

Empujo sin ganas el carro de la compra dentro del supermercado. Atravieso la zona de cosméticos. A finales de junio los productos adelgazantes abarrotan los estantes hasta la asfixia. Rodeada de espejos, me tropiezo con mi imagen. Una mole de carne asexuada. Veinticinco años con cien kilos a la canal.

Hombres hunden sus miradas en paneles luminosos donde adolescentes filiformes ofrecen sus cuerpos con pereza distante. Pasan a mi lado como si no existiera. Maciza pero transparente.

Max ¿notas el aire impregnados de perfumes exóticos?

Cierro los ojos y soy Sheherazade en los baños del harem. Mujeres de manos suaves untan mi corazón esbelto de aceites con olor a jazmín. Para ti, Max. Solamente para ti.

Mi carro choca contra un mostrador de perfumes. Una odalisca de papel, tumbada lascivamente encima de unos cojines adamascados, me ha robado el sitio.

La vendedora no propone perfumarme. Su mirada inexpresiva me manda de un puñetazo fuera del mundo aterciopelado del deseo. Repudiada al primer vistazo.

Exactamente como lo hiciste tú, Max. Exactamente como tú.

Me voy alejando por el pasillo, un poco más gorda y un poco más sola.

El supermercado es mi territorio. Me muevo entre caribeñas felices de estar prietas en sus mallas de colores. Arrastran sus grasas con orgullo entre mostradores de bragas y sujetadores talla XL. Sus novios les pellizcan las nalgas, satisfechos de encontrar carne en abundancia. Huelen a sudor y a sexo y por un momento me siento feliz.

Me olvidé de ti.

Necesito patatas fritas, cojo unas cuantas bolsas en mi abrazo. Abrazo frío y distante. Resbaladizo y distante, Max. En casa, desgarraré las bolsas, una tras otra, con los dientes. Venciendo la presión del cierre, se deshincharán en suspiros y lameré despacio, Max, muy despacio, la superficie salada y ligeramente rugosa de tu piel. De los pies a la cabeza, tu cuerpo fibroso.

Tengo sed. Con gesto furtivo sustraigo una botella de Baileys. La beberé a sorbos largos, mezclando como una ladrona, mi sangre almibarada con el movimiento circular de tu mano derritiendo los hielos imaginarios de tu copa de whisky.

Contigo mi cabeza gira demasiado deprisa Max.

Tabletas de chocolate se alzan, turbias, ante mi. Las quiero todas derretidas a la vez, en mi boca, hasta ahogarme en sus olas de dulzura.

Hace calor. El aire acondicionado no da abasto y noto el sudor colarse en cada recoveco de mi cuerpo inmenso. Max, no te siento, no te veo, perdido en el oscuro pozo de mi deseo sin fin.

Empujo sin ganas el carro hacia las cajas registradoras.

Una columna forrada de espejo me devuelve la imagen de la masa de carne, menos compacta, más diluida. El sudor desborda por mis axilas. Mi túnica de malla acrílica marrón se pega contra mi tronco. El cansancio recorre la gelatina de mi cuerpo imprimiendo en ella un movimiento de resaca sin retorno.

Antes de llegar a las cajas, el aire congelado de la sección de helados me llena de rabia. Arraso con furia el campo estéril. Me comeré los helados por doquier. El frío me clavará su punzón de hielo entre los ojos. Acunaré mi corazón esbelto latiendo entre mis piernas, acallando con dulzura sus sollozos de carne. Max.

 

 

 

P.S  Mi relato fue publicado por la Universidad de Cantabria con otros catorce cuentos en un libro de narrativa titulado “Amores secretos” en el 2008.

Cuento de amor. Juan sin miedo.

Hommage à Apollinaire. Marc Chagall.

 

-¡¿Qué estas haciendo?!

- La maleta.

- No me habías dicho que te ibas de viaje.

- Es que no me voy de viaje. Te dejo.

El tono de voz de Alicia era tranquilo, sus gestos reposados…como era ella, tranquila, reposada. Serena.

Juan notó como un enorme cansancio  se iba adueñando de su cuerpo, al igual que le ocurría después de realizar un esfuerzo físico intenso.

La situación era grotesca: ¡él abandonaba!¡no lo abandonaban a él!

Encogió los hombros. Al mismo tiempo su cabeza inició un movimiento pendular, de izquierda a derecha, negando la evidencia.

Como sentenciaba su madre, cada vez que Juan la iba a visitar, su hijo no estaba hecho para la rutina del matrimonio (no le conocía ninguna novia que le hubiese durado más de un par de meses)… Ni para cualquier otro tipo de rutina. A Juan lo que le gustaba era vivir sobre el filo de la navaja. La adrenalina era el carburante que le hacía ver la vida color de rosa. Invariablemente, su madre recordaba a su hijo las proezas del pequeño Juan sin miedo ( así lo llamaron, cuando a los seis meses se tiró de cabeza al suelo después de haber trepado por los barrotes de su cuna ). A los diez meses, ya andaba.  Al año subía las escaleras como un mono y las bajaba corriendo. A los dos años montaba en bici, a los tres buceaba como un pez.

… y así se había  ido desarrollando la vida de Juan, enlazando  actividades y deportes con un nivel de riesgo cada vez mayor. Para celebrar su treinta cumpleaños, unos meses atrás, había escalado el Everest por la cara norte.

Cuando Juan le daba el beso de despedida a su madre, ella le decía en un suspiro: -¡Hasta la próxima, Juan sin miedo! preguntándose cuando  volvería a ver a este hijo tan despegado.

Mientras miraba como Alicia estaba terminando de hacer la maleta, Juan pensaba con satisfacción, que, en efecto, el miedo era un sentimiento que le era ajeno.

El clic del cierre de la maleta interrumpió de golpe el movimiento de balanceo de su cabeza para trasladarlo a su lengua.  Juan se oyó balbucear:

-¿Alicia, porque te vas, así, tan de repente, sin una explicación? De verdad que no lo entiendo. Si estábamos tan a gusto juntos…unos meses que se me han pasado volando…

-¿Cuantos meses?

-No sé… ¿5?¿6?

-Un año. Hará exactamente un año que estamos juntos, esta  misma noche.

-¡No puede ser!

- Puede ser y es. Si me voy es porque estoy harta de darme de bofetadas contra un bólido. Un bólido que no conoce el significado de la palabra tiempo, porque lo quema, y mucho menos él de la palabra ternura porque la ternura se teje en reposo, ni  él de la palabra delicadeza compuesta de miles de atenciones hacía el otro, atenciones que también requieren su tiempo.   Llevaba semanas deseando hablar contigo de esto pero no ha podido ser. La reflexión, el diálogo no son tus puntos fuertes. Cuando sientes que se aproximan, te escaqueas. Por mucho que te quiera, y te quiero, me he cansado de tener la sensación de ser un tornillo que sujeta un robot sin sentimientos. No me siento capaz de seguir dándolo todo sin recibir nada a cambio. Me siento oxidada. No sabes cuanto pena me da terminar  nuestra relación de esta manera.

De Alicia se acercó a él, lo beso en la mejilla y se alejó.

Cuando Alicia cerró la puerta, los goznes chirriaron.

Juan tenía los ojos clavados en la puerta, puerta que le tapaba el cuerpo de Alicia, pero no conseguía amortiguar el taconeo de sus zapatos en la escalera, ni borrar el olor de su cabello que había impregnado la piel de su cuello.

Juan, estupefacto, sintió como perdía el equilibrio, él que jamás lo había perdido. Tal era su mareo que tuvo que apoyarse contra la puerta.

Mientras el ruido de los zapatos se iba difuminando hasta hacerse imperceptible, Juan notó como el aire empezaba a escasear. Boqueaba como un pez fuera del agua.

El silencio se adueño de la habitación, un sudor repentino empapó su cuerpo, reavivando el olor de Alicia… haciendo insoportable su ausencia.

Juan tiritaba tanto que le castañeaban los dientes. Abrió la puerta como un poseso, empezó a correr como un loco tras el aroma de Alicia, seguro de que si no conseguía alcanzarla, se iba a morir aquí mismo. Se paró en seco al verse reflejado en el espejo del portal: era la viva imagen del miedo.

La consciencia del amor había brotado en él en el mismo momento  que el pánico al perderlo. Dos fuerzas inmensas, amor y miedo que le eran desconocidas, pruebas de fuego que tendría que aprender a  superar, conocer y descifrar para llegar hasta el corazón de Alicia.