Jaque mate.

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Fotografía Marco Sanges.

¿De qué me ha servido caminar  entre palabras que retumbaban con tanta fuerza en mi cabeza?

¿De qué me ha servido, sí solo vivían en mi? Fuera dejaban de existir, de tener sentido. Lo sabía desde el principio y sin embargo no quise rendirme.

¿De qué me ha servido huir de una infancia vieja, de recorrer los cuatro puntos cardinales de una hoja de papel, de una maldita isla a la deriva?

No  es que no quisiera desistir de mi absurdo empeño, es que no podía. La escritura era mi escudo contra el miedo a  amar, a vivir (¿morir?).

Enmudezco de rabia al sentirme tan acartonada y no poder dar marcha atrás.

Nunca oiré el viento soplar en los meandros de mi cerebro ni el mar recorrer mis venas.

Solo me queda esperar la disolución de mi piel cuarteada, cuaderno en blanco y negro, maculado de barro.

Toccata y fuga.

 Pierre Bonnard. La siesta.

 

Cuerpo columpiándose, quietamente, de un lapso de tiempo a otro.

 

Cuerpo curvo de besos, ingrávido como las horas que se estiran hacia el horizonte desmelenado de las sábanas.

 

Cuerpo que se pierde en meandros de sensualidad, en el recuerdo de caricias repetidas hasta perder el aliento. Suave y potente letanía.

 

Cuerpo suspendido dentro del recuerdo del presente inmediato, receptáculo blando de añoranza, perlado de incienso.

 

Cuerpo desbordante de susurros, boca seca de salmodiar su nombre hasta morir de gozo.

 

Cuerpo ofrenda, penetrado por la luz, húmedo de calor, cuerpo ebrio del perfume de las rosas del papel pintado, rendido a la dulzura aterciopelada de sus pétalos y de otro terciopelo retenido en los confines de los labios.

 

Cuerpo felino, dulzura de gata, fastuosidad de la piel, necesidad de ser acariciada, de no pensar, de vivir la eternidad del momento runruneando.

 

Dolor exquisito de la espera, hermoso latido de sangre en la base del cuello, raíces expansivas de grandes ninfeas blancas en las arterías, ojos a la deriva, intenso deseo de ser amada ahora y siempre.

 

Version française.

Pierre Bonnard. La sieste.

 

Corps qui se balance dans la quiétude d´un laps de temps à l´autre.

 

Corps  pointillé de baisers, aérien comme les heures qui s étirent sur l´horizon échevelé de la blancheur des draps.

 

Corps qui se perd en méandres de sensualité, dans le souvenir de caresses répétées jusqu´à en perdre le souffle. Suave et puissante litanie.

 

Corps suspendu dans le souvenir  du présent immédiat, réceptacle mou de nostalgie, perlé d´encens.

 

Corps débordant de murmures, bouche sèche de psalmodier son nom jusqu`à en mourir de joie.

 

Corps offert,  pénétré  de lumière, humide de chaleur, corps enivré du parfum des roses du papier peint, de la douceur veloutée de leurs pétales, et d´un autre velours retenu dans le confin des lèvres.

 

Corps félin, douceur de chatte, faste de la peau, nécessité d´être caressée, à nouveau, de ne plus penser, de vivre l´éternité du moment en ronronnant.

 

Douleur exquise de l ´attente, ennivrant battement de sang à la base du cou, racines expansives de grands nénufars blancs dans le flot des artères, yeux à la dérive, désir intense d´être aimée jusqu`a n´en plus finir.

 

 

 

 

 

 

 

 

Érase una vez, Mata Mua.

Paul Gauguin. Mata Mua. 

Érase una isla, una isla errante que navega dentro de mí.

A lo largo de mi vida, la he observado, sin cansarme jamás, detrás de cualquier ventana mojada de lluvia, isla tejida de agua y espuma, al alcance de la mano. Isla fantasma que se escurre  entre los dedos, como la arena del tiempo, nada más asirla.

La he visto en el gesto de un niño intentando apresar la luna: los pies de puntillas, en equilibrio sobre el último peldaño de la sombra de una escalera, los brazos tensados por el esfuerzo, inundados de luz.

La he vuelto a ver, esta mañana, en la mirada de una anciana, perdida sobre la superficie de un charco, donde se reflejaba un rayo de sol, multiplicado y fraccionado por las piedrecitas blancas que allí tiraba, una tras otra, con el deseo,  agudo y concéntrico, de encontrar el camino de vuelta.

Cuando la noche cede su sitio al sueño, el mar, empujado por una marea libertina, invade mi dormitorio. Mi cama es isla, verde de jungla, bordeada de playas de arena blanca, recorrida por arroyos cristalinos. Una isla primitiva donde los caballos son azules,  donde los hombres y las mujeres son dulces y calmos, entregados a respirar el latido rojo de una flor sin nombre.

Una isla donde naufragar los días de desesperanza, cuando la mancha de un espejo sin  azogar se adhiere a la piel, cuando la ausencia y el silencio impregnan la acera.

Por navegar dentro de mí,  sé que mi isla es tan inaprensible y dorada como lo es una reminiscencia de vida, sé que es una quimera que se escapa para pegarse sobre la pantalla de mi ordenador, rodeada de letras, olas que se curvan y se aplanan hasta perderse en el océano virtual.

Y mi isla de susurrarme:

_ Ánclame, a pesar de todo, con un punto, rebelde, salvaje y libre

érase  una vez

Version française.

 

Paul Gauguin.

Il était une fois une île, une île errante qui navigue en moi.

Tout au long de ma vie, je l´ai observée, sans jamais me lasser, derrière une fenêtre mouillée de pluie, île tissée d´eau et d´écume à portée de la main. Île fantôme qui glisse  entre les doigts comme le sable du temps.

Je l ´ai vue dans le geste d´un enfant essayant d´attraper la lune, en équilibre sur la pointe des pieds,  posés sur le dernier échelon de l´ombre d´une échelle, les bras raidis par l´effort, illuminés de clarté.

Je l´ai revue, ce matin, dans le regard d´une vieille dame, perdue sur la surface d´une flaque où se reflétait un rayon de soleil, multiplié et fraccioné par les petits cailloux blancs qu´elle y jetait, les uns après les autres, avec l´espoir, aigu et concentrique, de pouvoir, enfin, trouver le chemin du retours.

Quand la nuit cède sa place au sommeil, la mer, poussée par une marée libertine, envahit ma chambre. Mon lit devient île, vert de jungle, bordé de plages de sable blanc, parcouru de rivières cristalines. Une île primitive où les chevaux sont bleus,  où des hommes et des femmes, doux et calmes, respirent avec ardeur l´élancement de sang d´une fleur sans nom.

Une île où pouvoir échouer, les jours de désespoir, quand la tache d´un miroir sans tain adhère à la peau, quand l´absence et le silence poissent le trottoir.

Comme cette île navigue en moi, je la sais aussi insaisissable et dorée qu´une réminiscence de vie, une chimère qui s´échappe et se colle à l´écran de mon ordinateur, entourée de lettres,  qui,  comme les vagues, se courbent et s´aplatissent jusqu´à se perdre dans l´océan virtuel

Et mon île de me susurrer:

_ Ancre moi, malgrè tout,  avec un point rebelle, sauvage et libre

il était une fois

Mermelada de moras.

Guillaume Fouace.

La casa de veraneo  se ha vaciado como un saco demasiado lleno.

Me he quedado sola.

El olor de las moras cociéndose despacio en azúcar de caña envuelve la cocina y puebla mi mente del galope subterráneo de los caballos escondidos tras el seto, del zumbido  enfebrecido de las abejas, de la presencia muda y salina del mar disuelta en la dulzura de fieltro propia del mes de septiembre.

La cuchara de madera gira lentamente en la profundidad granate de las frutas en ebullición y enguata mis sentidos de terciopelo. Acerco despacio la cuchara a la orilla de mis labios soplando suavemente para domar , saboreándola, la exquisita sensación de quemadura.

Mis ojos se empañan como los cristales de las gafas de mi abuela que se sofoca tras la bandeja cubierta de frascos de cristal, opacos de polvo. Marie, una normanda robusta, me empuja sin contemplaciones. Tiene que abrir la puerta del horno para vigilar la cocción de la brioche que vamos a  merendar untada de mermelada. Visión dorada y esponjosa, olor a mantequilla y a trigo.

Detrás de la puerta acristalada, abierta al jardín, mi madre lee recostada encima de una chaise-longue. Lejos, tan lejos de mí, que esta lejanía pellizca mi corazón.

Mis dos hermanos sentados a sus pies la custodian, hojeando tebeos, los dedos pegajosos de golosinas.

Una corriente de aire, un portazo. Es mi padre. Se acerca como un tornado, se inclina hacía mí, sus labios acarician mis mejillas, huele a mar y a sus simas de viento; su aliento a la miel del tabaco de su pipa. Su barba raspa un poco…

Me susurra al oído, mientras me hace cosquillas, – ¡gata, gatita mía, prueba la mermelada, pruébala, si no se va a enfriar y se va a quedar pegada a tus dientes!

Esperé demasiado. Papá tenía razón. La mermelada se ha quedado pegada a mis dientes.

En cuanto a la brioche de este último verano, sólo quedan unas migas minúsculas y negras en los intersticios de la mesa de la cocina.

Sin embargo me entran unas irresistibles ganas de reír provocadas por las cosquillas de mi padre, tan vivas y presentes a pesar del alejamiento en el tiempo.

Version française.

Guillaume Fouace.

La maison de famille  s´est vidée comme un sac trop plein.

Il ne reste que moi.

L´odeur des mûres cuisant doucement dans le sucre de canne embaume la cuisine et peuple mon esprit du galop souterrain des chevaux cachés derrière la haie, du buttinement enfiévré des guêpes, de la présence muette et saline de la mer qui se prélasse dans la douceur feutrée et nostalgique de ce mois de Septembre.

La cuillère en bois tourne lentement dans la profondeur grenat des fruits en ébullition. Mes sens se ouattent de velours. J´approche la cuillère tout près de l´ourlet de mes lèvres en soufflant doucement afin de dompter, en la savourant, l´exquise sensation de brûlure.

Mes yeux s´embuent comme les verres des lunettes de ma grand- mère qui s´essouffle derrière un plateau couvert de pots en verre, opaques de poussière. Marie, une normande robuste, me pousse sans ménagements, il lui faut ouvrir le four où cuit la brioche que nous allons déguster avec la confiture, vision dorée et moelleuse, odeur de beurre et de farine.

Derrière la porte fenêtre, ouverte sur le jardín, ma mère lit, allongée sur une chaise longue. Loin, si loin de moi que mon coeur se pince.

Mes deux frères, assis à ses pieds, la custodient en lisant des bandes dessinées, les doigts collants de carambars.

Un courant d´air. La porte claque. C´est mon père. Il s´approche comme une tornade, il se penche vers moi, ses lèvres caressent mes joues, il sent la mer et ses gouffres de vent, son haleine  fleure le miel du tabac de sa pipe. Sa barbe râpe un peu…

Il me susurre à l´oreille, tout en me chatouillant, – Mon chaton, ma chatounette, goûte la confiture. Goûte la donc!, sinon elle va refroidir et te coller aux dents! -

J´ai trop attendu. Papa avait raison. La confiture me colle aux dents.

Quand à la brioche de cet été qui s´achève, il ne reste plus d´elle que des miettes minuscules et noircies coincées dans une fente de la table de la cuisine; et pourtant, une irrésistible envie de rire se glisse en moi procurée par les chatouillements de mon père si présents et si vifs malgré l ´éloignement du temps.

Día D…

Robert Doisneau.

… D, de desembarco. Bruscos desniveles en el terreno recuerdan la violencia de la contienda.

… D, de deforme. Perro cerbero, sombras clonadas de hocicos desencajados, los colmillos escupiendo fuego.

… D, de dios encogido, balanceándose en la punta de un campanario, decrepitud. Muerte súbita por desamparo.

… D, de diluvio, nubes desinflando su bilis en el horizonte. Me tapo los ojos con las manos, no quiero ver, dice el soldado desconocido , defecando de miedo,  desorientado en una vida que no puede ser suya. Deglución imposible, nudo en la garganta, víboras agarrotando los puños.

… D, de defenderse o defenestrarse desde lo alto del acantilado para no sentir los picotazos de la gaviotas, sus chillidos en medio de la carnaza.

…D, de desertar el presente para sobrevivir,  romper a dentelladas la imagen del funeral de cuerpo presente… tentadora. Luchar como una bestia, pensar como una bestia. Seguir a rastras.

Robert Doisneau. 

…  D, de damascos y rosas  en una avenida cualquiera.

…  D, de danzas y sueños bajo el capricho de los visillos mecidos por la brisa

… D, de divertido,  risas y sonrisas, besos enlazados

… D, de decibelios de una sonata de Mozart inspirada en nuestros ojos ¿dos o cuatro?

… D, de dedos, dibujando, esculpiendo arabescos sobre la piel amada

… D, de dedos, los míos, tecleando la palabra, gracias,  al soldado desconocido cuyos rasgos no me son ajenos.