Mi jardín soñado.

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 Fotografía Annie Leibovitz.

Mi jardín soñado

huele a castañas asadas

a lirios y a jacintos,

sus flores de hielo abren los espejos

bajo el azul de las jaracandas,

podría ser el parque del Retiro

los jardines de Luxemburgo

una plaza de un pueblo boliviano

o la citadela de San Petersburgo.

Podría estar en el confín del mundo,

ser inventado, expandirse en el universo,

sin embargo solo existe cuando me besas,

en el coto cerrado de nuestro abrazo.

Rosa de mí.

 

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Fotografía Anne Fatosme.

Cuando la tarde se abre, calada de oropel,

y mi sangre se alondra,

vuelo hacía el jardín de mi infancia.

Tras la niebla del portón,

el universo manda señales

desde el brillo de un ojo de cristal.

Bajo los brochazos de un otoño, dulce y cruel,

el olor de la tierra oscura, todo lo penetra,

el cielo se vuelve pasadizo

y mi corazón expande

el botón de la rosa,

baile de volutas

despliegue de pétalos

dulzura bajo las espinas

languidez en la derrota,

baile al compás

de un rumor a muerte,

granizo sobre el zinc,

baile de un insomnio malva,

pliegues de satén,

azul  desvaído de unos pasos que se fueron,

tan a la sombra de las jovencitas en flor,

tan lejos de Guermantes

y  tan dentro de mí.

P.S. Esta rosa vive en mi terraza, la cuidé, la regué, le puse abono, le dí mi cariño, la fotografié y le escribí un poema. Su belleza, aunque perecedera, lo merece.

Primavera mía. 13/05/2013

1

Patricia Robert Smith.

 

Este deseo irrefrenable de ser primavera

hoja de savia

penumbra de musgo

 

azul

 

fragancia

flor de castaño

opulencia de sentidos

 

ráfaga de luz

olas chispeantes

playa donde tumbarse

bajo los adoquines.

 

Este deseo irrefrenable de empujar de nuevo

el portón de la inocencia

y, entre campos de amapolas,

ceñir mi cintura de un atardecer oriental

serpiente enroscada en mi ombligo

donde ondea el trigo y nace la tormenta.

 

Primavera mía,  divina opalescencia.

¿Recuerdas?

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Fotografía Patricia Robert Smith.

Cuando te conozca

beberé la espuma de los días

en la comisura de tus labios

me volveré ciega de observar con lupa

la evanescencia de tus poros,

espejos cincelados de mi piel,

sentiré, tiernamente asida a tu cuello,

el alba despuntando en el pozo de mis pupilas,

canales de niebla convergentes… Venecia en tus venas…

promesas bajo  el puente de nuestros párpados,

suntuosa cadencia de remos,

nuestra sangre desbocándose

al borde del abismo

alas de vida en la cintura

transparencia de opalina

remolinos de seda

orlados de suspiros

analfabetos y tibios…

tan tibios… ¿Recuerdas?

…Tanta tanta dulzura…

¡Di! ¿ Recuerdas?