“En nuestra vida hay un solo color es el color del amor”. Marc Chagall. 4)

1948, Discrobing her with his own hand…, Marc Chagall.

 

Buscaba la noche, te encontré bajo un sol rojo,

en el cruce de caminos de los amantes perdidos

donde realidad y ficción pasean de la mano.

Venías de un tiempo remoto, jinete de un dromedario.

Me disponía a salir de mi coche, 100 caballos bajo el capó.

 

 

Abriste mi puerta, vestías una larga túnica de seda.

En la oscuridad de tus ojos, crecían campos de flores,

a años luz de mi vida, de mi atasco y mi desengaño.

 

 

Desabrochaste mi vestido, rasposo de grisalla,

nubes de flamencos rosas tiñeron la acera del color de la concupiscencia,

cubriendo con la alegría de sus aleteos el silencio de mi rutina.

 

 

Apoyaste tu cabeza sobre mi hombro. Tan dulce era su peso,

tan exótica de aromas tan perturbadora la cavidad de tu cuello,

que, de no cogerme por la cintura, me hubiese caído presa de un vahído.

 

 

En tu mano habías apresado la belleza de los amaneceres del desierto,

el calor de Oriente, la dulzura y la voluptuosidad de mil y unas tardes

arropadas bajo telas de Damasco y, con sus caricias cubrías de oro mi piel.

 

 

Si  tantos tesoros cabían en esta mano, ¿qué no cabría en la otra?

Con astucia de mujer me desmayé del todo, los ojos bien abiertos,

clavados en los tuyos, mientras un fuego divino perforaba mis entrañas.

“En nuestra vida hay un solo color es el color del amor”. Marc Chagall. 3)

1927, Lovers with flowers, Marc Chagall.

En el horizonte, que ya no existe,

el cielo descarga trombas de ceniza.

Bajo su peso, sombras vagan sin rumbo

sobre las aceras de la desgracia,

sordas a todo lo que no sea silencio,

cuerpos anclados en el desgaste

de los pasos perdidos.

 

 

En el cálido abrazo de los amantes

el cariño siembra semillas de esperanza.

El latido de sus cuerpos los inunda de tibieza,

sobre sus cabellos enredados de sol

se entrelazan rosas reventonas,

cantos de ternura orlados del deseo

de sus almas ascendentes.

“En nuestra vida hay un solo color es el color del amor”. Marc Chagall. 2)

The woman and the roses. Marc Chagall.

Hoy, uno de mayo, ella se siente flor,

un ramillete de lirios del valle

decenas de campanillas blancas

de textura frágil e intensa fragancia

rizando la brisa de ráfagas de alegría.

Ella quiere ser eterna primavera,

la primavera de su dulce remero,

quiere esperarlo tendida entre pétalos de rosas

y brillante follaje, lacia y envolvente como las lilas,

quiere regalarle la luna, abrochársela en la solapa

para que él nunca olvide su sonrisa,

para que  no se sienta solo en el azul de la noche,

para guiarlo hacía su cueva secreta, mullida y tibia,

entre  brumas opalescentes de amor.

“En nuestra vida hay un solo color. Es el color del amor”. Marc Chagall. 1)

Promenade, Marc Chagall, 1918.

La lluvia dice que no es primavera
los periódicos afirman que es invierno
la pobreza tendida al ras del suelo lo confirma
los perros errantes esconden el hocico
bajo unos harapos orlados de negro
donde el mundo ulula su miedo y su desamparo.

Pero tú y yo, amor, vivimos en verano
la ciudad se despereza en verdes praderas
el samovar humea en el corazón de las amapolas
el cielo tiene la transparencia del rocío
mi vestido ondea como estandarte
en el desliz lila de las noches blancas
primavera violenta y tierna que en mí renace.

Muito obrigado, gracias, merci, amigo xico.

Fotografía Álvaro Sánchez- Montañés.

Xico, apreciado lector de mi blog, al que no tengo el placer de conocer personalmente, pero al que me da la sensación de entender más que a muchas personas a las que frecuento en la vida real, ha tenido la gentileza de traducir uno de mis poemas a su idioma, el portugués. Una sorpresa que me llena el corazón de ilusión y alegría. Como xico es un gran conocedor de mi idioma materno, es un placer para mí traducirle mi poema al francés como muestra de agradecimiento.

Muito obrigado, amigo xico.

Anne

Habías atravesado el desierto,

no lo sabías.

Bajo tu camisa,

tu torso estaba cubierto de llagas,

no las veías.

No sentías ni sed ni hambre.

Te ofrecí el agua de mis labios,

la carne de mi cuerpo.

Me atravesaste como tu desierto,

sin sentir, sin pensar, sin saber,

pisoteando la arena que ahora me ciega.

.

.

.

Atrvessaste o deserto

e não o sabias

Sob a camisa

teu peito era uma chaga

e não a vias.

Fome e sede não sentias

Ofereci-te a água dos meus lábios

entreguei-te a carne do meu corpo

percorreste me como teu deserto

sem sentir,sem pensar,sem saber

pisando a areia que hoje me cega.

.

.

.

Tu avais traversé le désert,

tu l´ignorais.

Sous ta chemise,

ton torse était couvert de plaies,

tu ne les voyais pas.

Tu n´avais ni soif ni faim.

Je t´offris l´eau de mes lèvres,

la chair de mon corps.

Tu me traversas comme ton désert,

sans rien éprouver, ni songer, ni comprendre,

écrasant le sable qui maintenant m´aveugle.