Sette poesie. Siete poemas. Anne Fatosme. Versioni italiane di Albert Lázaro -Tinaut e Maria Luisa Lamanna.

 

El otro día llegó el cartero a mi casa, no llamó dos veces, pero sí me entrego un paquete. Al  rasgar el envoltorio y descubrir su contenido me brillaron los ojos de emoción:

Albert Lázaro- Tinaut, amigo y bellísima persona,  había impreso en unas plaquettes siete poesías mías traducidas al italiano por  él y por Maria Luisa Lamanna. Como Albert es enemigo de las alabanzas, no se las voy a hacer… ¡muy a pesar mío!

Solo voy a exponer de forma muy breve la intención implícita en la edición de estas plaquettes, primeras de una colección que espero sea fructífera.

 Albert desea dar a conocer en ellas, casi siempre de forma bilingüe, a poetas que tienen poca difusión…  ¡Siendo Albert un apasionado  defensor de las etnias, tiene su lógica! Por mi parte me parece que la iniciativa de Albert es todo un ejemplo de resistencia en estos tiempos convulsos.  Una muestra de rebeldía, frente a un consumo de masa que todo lo engulle, una rebeldía a escala humana llena de poesía y  solidaridad.

Así que, estimado Albert, solo me queda darte las gracias tanto a ti como a  Maria Luisa por vuestra entrega y generosidad.

 

 

 

 

Anne

 

 

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Partícula elemental
es el canto rodado
que cada año
coloco sobre la tumba de mi padre.

Partícula elemental
es este otro,
que me gustaría tirar a la quietud del espejo,
cuyo silencio me rompe y me hiere.

«Tus ojos son el mar donde navego»,
me susurrabas, timonel de tu destino,
cuando me acunabas entre tus brazos.

Partículas elementales,
estas palabras que pintaste
en el iris de mi mente, acuarela
demasiado fresca para una barcaza que se hunde.

 

 

 

Particella elementare
è il ciottolo
che, ogni anno,
poso sulla tomba di mio padre.

Particella elementare
è quest’altra,
che vorrei scagliare sulla quiete dello specchio,
il cui silenzio mi lacera
e mi ferisce.

«I tuoi occhi sono il mare su cui navigo»,
mi sussurravi, o timoniere del tuo destino,
quando le tue braccia mi cullavano.

Particelle elementari,
queste parole che dipingesti
nell’arcobaleno della mia mente, acquerello
troppo fresco per una chiatta che affonda.

 

 

 

Imagina…
( a la manera de John Lennon)

Imagina que del silencio de la noche
surge la sombra de tu amor…
Es fácil si lo intentas:
lleva sombrero,
la lluvia cae suave
en la avenida…

Imagina que fuma un cigarrillo,
no es difícil hacerlo…
Bajo el sombrero huele a miel
vuestros ojos se buscan
vuestras caras se fragmentan
vuestras sombras se funden.

 

 

 

Immagina…
(alla maniera di John Lennon)

Immagina che dal silenzio della notte
sorga l’ombra del tuo amore…
È facile se ci provi:
ha un cappello in testa,
la pioggia cade leggera
sul corso…

Immagina che fuma una sigaretta,
non è difficile farlo…
Sotto il cappello c’è un odore di miele

i vostri occhi si cercano
i vostri visi si frammentano
le vostre ombre si fondono.

 

 

 

Hoy me he ataviado de domingo,
me he puesto tu piel de vestido.
Me encajaba como guante de cabritilla,
patchwork oloroso de rosas de otoño
y cunetas blancas de orquídeas.

Hoy, domingo de pasión,
he sido tu forro
de venas y pistilos enfebrecidos,
tú, el aliento de fuego,
que, muy por debajo del vestido y del forro,
has rellenado nuestras trincheras de lava,
lanzando al cielo fumarolas índigo.

 

 

 

Oggi mi sono vestita a festa,
ho indossato la tua pelle.
Mi calza come un guanto di velluto,
patchwork profumato di rose d’autunno
e fossati bianchi di orchidee.

Oggi, domenica di passione,
sono stata la tua fodera
di vene e pistilli infervorati,
tu, l’alito di fuoco,
che oltre il vestito e la fodera
hai riempito di lava le nostre trincee
lanciando in cielo fumarole color indaco


 

Hoy no quiero levantarme,
no quiero leer los periódicos,
no quiero pensar en la debacle.
Hoy sólo quiero ser una gata,
suave, descerebrada y blanca.
Cuando llegues de la calle, quiero saltarte encima,
rasgarte el traje gris, hacerte cosquillas,
sacarte una sonrisa, desabrocharte la camisa.
Hoy no quiero otra cosa que ser tu gata persa
y que me concedas una noche más
con luna y estrellas en cinemascope,
peli en versión original con aullidos incluidos.
Que empecemos a bucear como peces de colores
dentro del chaparrón, puñados de chispas
sobre la acera.

 

 

 

Oggi non voglio alzarmi,
non voglio leggere i giornali,
non voglio pensare alla
disfatta.
Oggi voglio essere una gatta,
morbida, sbadata e bianca.
Oggi, quando rientrerai, voglio saltarti addosso,
strapparti l’abito grigio, farti il solletico,
rubarti un sorriso, sbottonarti la camicia.
Oggi voglio essere la tua gatta persiana,
che tu mi offra ancora una notte
con luna e stelle in cinemascope,
film in versione originale, ululati compresi.
Che nuotiamo sott’acqua come pesci colorati
dentro l’acquazzone, manciata di faville
sul marciapiede.

 

 

 

Habías atravesado el desierto,
no lo sabías.
Bajo tu camisa,
tu torso estaba cubierto de llagas,
no las veías.
No sentías ni sed ni hambre.
Te ofrecí el agua de mis labios,
la carne de mi cuerpo.
Me atravesaste como tu desierto,
sin sentir, sin pensar, sin saber,
pisoteando la arena que ahora me ciega.

 

 

 

Avevi attraversato il deserto,
non lo sapevi.
Sotto la camicia
il tuo torso era coperto di piaghe,
non le vedevi.
Non sentivi né sete né fame.
T’offrii l’acqua delle mie labbra,
la carne del mio corpo.
Mi attraversasti come il tuo deserto,
senza sentire, senza pensare, senza sapere,
calpestando la sabbia che ora mi acceca.

 

 

 

15 de octubre del 2051

En el horizonte vertical
el sol es frío y verde,
el mar, un hueco hediondo,
el mundo, una planicie en off.
En lo alto de su torre de cristal
una sombra cubierta de llagas
se ríe a mandíbula batiente.

 

 

 

15 ottobre 2051

Nell’orizzonte verticale
il sole è freddo e verde,
il mare, un buco fetido,
il mondo, una pianura in off.
In cima alla sua torre di cristallo
un’ombra ricoperta di piaghe
ride a crepapelle.

 

 

 

Si supiese, como el mar,
mover las rocas, erizarlas y pulirlas,
si supiese, como el sol,
envolver la tierra de tibieza,
y como la lluvia, fecundarla,
si supiese, en fin, conjugar los verbos de tu deseo,
no condenarías mi piel al destierro
de tus besos.

 

 

 

Se sapessi, come il mare,
muovere gli scogli, innalzarli e levigarli,
se sapessi, come il sole,
avvolgere la terra di tepore,
e come la pioggia fecondarla,
se sapessi, poi, coniugare i verbi del tuo desiderio,
non condanneresti la mia pelle all’esilio

dai tuoi baci.

 

 

 

 

 

 

 

Cuento de amor. Juan sin miedo.

Hommage à Apollinaire. Marc Chagall.

 

-¡¿Qué estas haciendo?!

- La maleta.

- No me habías dicho que te ibas de viaje.

- Es que no me voy de viaje. Te dejo.

El tono de voz de Alicia era tranquilo, sus gestos reposados…como era ella, tranquila, reposada. Serena.

Juan notó como un enorme cansancio  se iba adueñando de su cuerpo, al igual que le ocurría después de realizar un esfuerzo físico intenso.

La situación era grotesca: ¡él abandonaba!¡no lo abandonaban a él!

Encogió los hombros. Al mismo tiempo su cabeza inició un movimiento pendular, de izquierda a derecha, negando la evidencia.

Como sentenciaba su madre, cada vez que Juan la iba a visitar, su hijo no estaba hecho para la rutina del matrimonio (no le conocía ninguna novia que le hubiese durado más de un par de meses)… Ni para cualquier otro tipo de rutina. A Juan lo que le gustaba era vivir sobre el filo de la navaja. La adrenalina era el carburante que le hacía ver la vida color de rosa. Invariablemente, su madre recordaba a su hijo las proezas del pequeño Juan sin miedo ( así lo llamaron, cuando a los seis meses se tiró de cabeza al suelo después de haber trepado por los barrotes de su cuna ). A los diez meses, ya andaba.  Al año subía las escaleras como un mono y las bajaba corriendo. A los dos años montaba en bici, a los tres buceaba como un pez.

… y así se había  ido desarrollando la vida de Juan, enlazando  actividades y deportes con un nivel de riesgo cada vez mayor. Para celebrar su treinta cumpleaños, unos meses atrás, había escalado el Everest por la cara norte.

Cuando Juan le daba el beso de despedida a su madre, ella le decía en un suspiro: -¡Hasta la próxima, Juan sin miedo! preguntándose cuando  volvería a ver a este hijo tan despegado.

Mientras miraba como Alicia estaba terminando de hacer la maleta, Juan pensaba con satisfacción, que, en efecto, el miedo era un sentimiento que le era ajeno.

El clic del cierre de la maleta interrumpió de golpe el movimiento de balanceo de su cabeza para trasladarlo a su lengua.  Juan se oyó balbucear:

-¿Alicia, porque te vas, así, tan de repente, sin una explicación? De verdad que no lo entiendo. Si estábamos tan a gusto juntos…unos meses que se me han pasado volando…

-¿Cuantos meses?

-No sé… ¿5?¿6?

-Un año. Hará exactamente un año que estamos juntos, esta  misma noche.

-¡No puede ser!

- Puede ser y es. Si me voy es porque estoy harta de darme de bofetadas contra un bólido. Un bólido que no conoce el significado de la palabra tiempo, porque lo quema, y mucho menos él de la palabra ternura porque la ternura se teje en reposo, ni  él de la palabra delicadeza compuesta de miles de atenciones hacía el otro, atenciones que también requieren su tiempo.   Llevaba semanas deseando hablar contigo de esto pero no ha podido ser. La reflexión, el diálogo no son tus puntos fuertes. Cuando sientes que se aproximan, te escaqueas. Por mucho que te quiera, y te quiero, me he cansado de tener la sensación de ser un tornillo que sujeta un robot sin sentimientos. No me siento capaz de seguir dándolo todo sin recibir nada a cambio. Me siento oxidada. No sabes cuanto pena me da terminar  nuestra relación de esta manera.

De Alicia se acercó a él, lo beso en la mejilla y se alejó.

Cuando Alicia cerró la puerta, los goznes chirriaron.

Juan tenía los ojos clavados en la puerta, puerta que le tapaba el cuerpo de Alicia, pero no conseguía amortiguar el taconeo de sus zapatos en la escalera, ni borrar el olor de su cabello que había impregnado la piel de su cuello.

Juan, estupefacto, sintió como perdía el equilibrio, él que jamás lo había perdido. Tal era su mareo que tuvo que apoyarse contra la puerta.

Mientras el ruido de los zapatos se iba difuminando hasta hacerse imperceptible, Juan notó como el aire empezaba a escasear. Boqueaba como un pez fuera del agua.

El silencio se adueño de la habitación, un sudor repentino empapó su cuerpo, reavivando el olor de Alicia… haciendo insoportable su ausencia.

Juan tiritaba tanto que le castañeaban los dientes. Abrió la puerta como un poseso, empezó a correr como un loco tras el aroma de Alicia, seguro de que si no conseguía alcanzarla, se iba a morir aquí mismo. Se paró en seco al verse reflejado en el espejo del portal: era la viva imagen del miedo.

La consciencia del amor había brotado en él en el mismo momento  que el pánico al perderlo. Dos fuerzas inmensas, amor y miedo que le eran desconocidas, pruebas de fuego que tendría que aprender a  superar, conocer y descifrar para llegar hasta el corazón de Alicia.

nº 5.

 

Marilyn Monroe.

 

 

En el colegio era muy mala en conjugación. No paraba de hacerle pellas al presente. El pasado, de tan imperfecto, me resultaba imposible de enunciar.

Solo se me daba bien el futuro. Gracias a él lograba sacar un 5. No sabía que este numero iba a ser mi  numero fetiche, mi más fiel compañero. El nº5 de Chanel.

 

Cuando lo respiro, como lo estoy haciendo ahora, mi cabeza vuela a un jardín  con olor a rosas y a jazmín, a un porche de madera de sándalo y  mi nariz se hunde en la fragancia a vainilla que emana del pecho de mi madre.

 

Estoy divagando.

 

El pasado  no era más que el agujero negro de mi cerebro, un telón rojo acribillado de estrellas. Lo malo es que ahora,  el futuro, que siempre concebí  como perfecto, se ha vuelto en mi contra, por ser, de por su sí,  pura ficción. Se ha ido acumulando en mi agujero negro. Pozo de aguas negras sería la palabra adecuada. Pozo que rebosa,roe mi cabeza y de paso ha teñido las estrellas de un marrón putrefacto.

 

Como ya he dicho antes solo sabía conjugar el futuro pero además  de esto  solo lo sabía hacer  en primera persona del plural: nosotros.  

 

Un conjunto que siempre concebí como un absoluto. Un nosotros que hubiese querido todo lo que yo anhelaba

 

¿Porque no vienes ahora, nosotros de mi infancia? ¿Porque no vienes a darme un beso antes de que me aspire este sueño de boca pastosa? ¿Porque no me raptas del llanto de mi almohada y de la oscuridad que trepa por mis brazos y los llena de hielo? ¿ Porque tardas tanto? Dime.

 

 Me responde un eco, un eco lejano, difuso. El eco de mi gastado yo. Un yo que solo supo reinterpretar mi pasado. Con todo el glamour del futuro perfecto. 

Aceras.

Oleg Dou.

¡Todavía  se me desborda el corazón¡ A punto ha estado de salirse en chorros pringosos por los agujeros de mi dentadura carente de implantes ¡A estas alturas de mi vida tener que luchar contra unos ángeles de la guarda vestidos de Samur! ¡No gracias!

Ya tuve a papá y mamá y otros borregos violentos labrando mi carne a golpes en ambientes asépticos de sofás de eskay y muebles de pino auténtico con reflejos de látex.

Horarios apestosos encerrada entre rejillas de limpieza, comida, abre las piernas y calla la boca. Fregona eficaz de cien mil voltios, bragas rojas y brillantes, encaje negro y tieso, sarpullido garantizado, relamiendo como la perra que soy, las migas a mis pies caídas.

Los de amarillo, en un gran alboroto de alas, me dicen que va a helar, que vaya con ellos al albergue de Vallecas ¡No me da la gana!

-Venga, anda-  me susurra el ángel con voz melosa y gesto constipado…  por el frío supongo.

-¡A ti que te importa, que no voy!

Portazo, alas pilladas y chirriar de ruedas.

¡Para otra la camita de hierro, perdida en la fila ordenada de productos reciclables! ¡Para otra los vapores de la sopa deslavada de puerros y nabos revenidos en desinfectante!

Asqueroso recuerdo de calor, tiritando con la frente sangrando, pintando de rojo los barrotes del radiador echando chispas, las manos tatuadas de quemazos redondos, aferradas sin sentirlo al hierro en fundición.

¡Quien con medio dedo de frente quisiera ir a vivir en los suburbios infantiles y marrones viviendo en la calle Serrano!

Con comida gratis sufragada por las sobras de mis vecinos -Estamos aquí para ayudar-  dicho a distancia con los orificios nasales cerrados al máximo y la boca prieta, no vaya ser que entren moscas. Al cruzar la calle, justo frente a mi casa de cartón, hecha a medida, una tienda de delicatessen violentamente alumbrada. En mi casa nunca anochece. La oscuridad para el hoyo. Calefacción autóctona. Paredes acolchadas por las batas peludas de las abuelas del barrio amortajadas en vida y sepultadas a tres metros bajo tierra en olor a incienso  ¡Aquí os volvéis picaronas, amigas descarnadas! onduláis frenéticamente en un fervor libertario, con efluvios compartidos de excrementos macerados; agitadas, estremecidas de gozo por ráfagas de viento salvaje, por nosotras enjaulado, y esclavizado entre bamboleantes y estrechos pasadizos. Terminadas las ganas de gritar reprimidas por el bozal impuesto por el señor de la casa (chihuahua sacando brillo a lengüetazos a los zapatos ingleses del jefe con ganas de asesinarlo y cogerle el puesto): – en mi casa orden y mando, soy domador de fieras en nuestra intimidad de terciopelo, te monto cuando me apetezca y te clavo las espuelas.

Mi cama es silenciosa y mía  al ras de los adoquines recubiertos por un espeso colchón de tetra-bricks  de tintorro vacios. Antes de caer como un plomo en un sueño plano, me parto de risa  cuando veo a mis  verdugos prisioneros de sus alas de fuego, asados vuelta y vuelta, en el escaparate de la tienda de delicatessen convertida en un cine de cortinas rojas para todos los públicos.

Vida y muerte de las estatuas.

Vida y muerte de las estatuas. Victoria Diehl.

 

 

Me llamas muerte en el alma, hielo, ¡si supieras cuanto me gustaría sentirme tal y como me describes!  Un muerto dejó de sufrir, el hielo no teme la descomposición que tan lentamente me corroe. Nunca entendí el significado de la palabra tiempo, péndulo de luz y de sombras, ni el escenario donde se mueven  los otros amparados tras cortinas rojas, color de la pasión, color crucificado sobre mi piel. Mi morada es fría, una planicie verde de  cansancio donde acampa el desamparo. En cuanto a la ira y al resentimiento ¿Cómo podría un corazón al que le cuesta sobrevivir albergar tales sentimientos? ¿Cómo podrían besar unos labios donde la sangre  arrastra la muerte disfrazada de carmín, y amar un cuerpo cuyo dueño es el abandono? ¿Cómo?, dime, tú que no eres más que la sombra de lo que fui.

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